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Identidad

No voy a ser yo

Kevin Johansen · City Zen · 2004

18 de mayo de 2026 3 min de lectura

Etiquetas pop argentino 2000s drexler

Kevin Johansen no promete estar. Promete no convertirse en el que se va. La diferencia entre una promesa de presencia y una de identidad.

La identidad al revés

La mayoría de las canciones de amor declaran lo que el narrador va a hacer. Te voy a querer, nunca me voy a ir, siempre voy a estar. Esta no.

“El que se quede sin dar el paso, no voy a ser yo.”

La construcción es extraña. No dice voy a dar el paso. Dice no voy a ser ese que no lo da. Se define por lo que se niega a convertirse. No es una promesa de presencia. Es una promesa de no ausencia.

Y la diferencia no es pequeña.

Te voy a querer para siempre es el tipo de cosa que uno dice y después olvida que dijo. Pero no voy a ser yo convierte cada incumplimiento en una traición a la propia identidad. No sería fallarle a ella. Sería dejar de ser él.

La lista que no se gasta

El estribillo se repite ocho veces. Debería agotarse.

No lo hace porque cada repetición llega cargada de algo nuevo. No va a cansarse de los abrazos. No va a ser el que se canse antes. No va a esconderse de lo que siente. No va a pisar el freno. No va a andar con más o menos.

No es el mismo “no” dicho una y otra vez. Es un catálogo de las formas en que alguien puede irse sin irse. El que frena. El que duda. El que se cansa en silencio y un día se convence de que ya fue suficiente.

Cada verso suma un cobarde nuevo a la lista de los que él descarta ser.

El estribillo no se repite. Se acumula.

”Algunos no deberíamos”

“Hay gente que no debería enamorarse / Algunos no deberíamos dar el sí.”

No dice ellos. Dice nosotros. Se mete solo en el grupo de los que no están hechos para esto. Se autodiagnostica como alguien para quien el amor es un riesgo real, no una posibilidad abstracta.

Y después salta igual.

Si fuera el tipo de persona para quien comprometerse es fácil, la promesa no costaría nada. Pero sabe que es el tipo para quien esto puede salir muy mal, y elige de todas formas. Ahí está el peso de todo lo anterior.

”Sin que la vida pase a través de mí”

La línea más importante de la canción no es sobre ella. Es sobre él.

“No quiero pasar la vida sin que la vida pase a través de mí.”

No dice sin vivirla plenamente ni sin estar presente. Dice a través de mí. La vida como algo que fluye por el cuerpo, no algo que uno administra desde afuera. La imagen es casi física.

Y eso reencuadra todo lo que vino antes. La promesa no es solo sobre ella. Es sobre una forma de estar en el mundo. No va a pisar el freno, no va a esconderse de lo que siente, porque la alternativa no es protegerse. Es que la vida le pase alrededor. Y eso es lo único que, para él, de verdad no puede ser.

”Bangundangunladu”

Hay un momento en la canción que solo puede funcionar en voz alta.

“Si querés un príncipe azulado, no voy a ser yo. Si querés un bangundangunladu, no voy a ser yo.”

La palabra no existe. No tiene traducción ni referente. Es un sonido que suena a ideal imposible, a requisito que nadie podría cumplir, a expectativa que ya en su pronunciación revela que es absurda.

Johansen no le dedica una estrofa al tema de las expectativas románticas. No lo explica. Lo liquida con una palabra inventada.

El chiste no es un chiste. Lo que ofrece tiene nombre. Y se puede pronunciar.

Lo que Drexler cambió

Johansen ha contado la historia. Tenía la música y el título, y sentía que la melodía tenía algo uruguayo. Le pidió ayuda a Jorge Drexler. La canción que existía en su cabeza era otra, algo irónico, casi defensivo: si te vas a enamorar de un perdedor, ese no voy a ser yo.

Drexler le dio vuelta.

La ironía todavía está. Está en los puentes, en el hay gente que no debería enamorarse, en el bangundangunladu. Pero los versos ya no son defensivos. Son entrega. El narrador que se protegía detrás de la distancia se convirtió en alguien que dice te quiero dentro de mi existencia de cualquier modo sin comillas y sin red.

Lo que queda de esa primera versión no desaparece. Se vuelve el fondo sobre el que la vulnerabilidad se destaca. Sin la ironía, la promesa sería sentimental. Con ella, es valiente.

La melodía era uruguaya. La entrega, también.

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