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Amor

No te apartes de mí

Vicentico · 5 · 2012

8 de agosto de 2026 5 min de lectura

Etiquetas rock argentino colaboración versión 2010s

Le pide que no se aparte a alguien que está cantando con él. Nunca dijo que se hubiera ido: dijo que no está aquí, ahora.

Entreabierta

“He dejado mi puerta entreabierta y entraste tú sin avisar.”

Entreabierta. No abierta, no cerrada.

Una puerta abierta es una invitación: alguien la abrió para que entren. Una puerta cerrada es una decisión tomada. Entreabierta no es ninguna de las dos. Es la medida exacta de alguien que quiere que pase algo y no quiere haberlo pedido.

El verso hace algo más fino todavía. Él la dejó así. Lo dice con el verbo en primera persona: he dejado. Acción propia, responsabilidad asumida. Pero cuando ella entra, la entrada aparece como cosa de ella: sin avisar. Como si hubiera llegado de golpe. Como si él no hubiera tenido nada que ver.

Nadie entra sin avisar por una puerta que estaba cerrada.

El narrador entero está en el primer verso: alguien que preparó el terreno y prefiere contarlo como si le hubiera pasado.

Cuatro veces pensé

Contá las veces que aparece el verbo pensar.

“Yo pensé que podía quedarme sin ti.” “Más difícil de lo que pensé.” “Yo pensé que con tanta experiencia conocías todo.” “No pensé que ese aire inocente me enseñase un mundo.”

Cuatro. Todas en pasado. Y ninguna acertó.

Pensó que podía quedarse sin ella: no puede. Pensó que iba a ser más fácil: no lo fue. Pensó que ella lo sabía todo: no lo sabía. No pensó que iba a aprender nada de ella: aprendió.

El verbo que organiza la canción es un verbo de error. No hay una sola vez en que el narrador piense algo y le salga bien.

Y fijate qué es lo único que queda en presente. Dos palabras: y no puedo. Todo lo que creyó está conjugado en pasado y desmentido. Lo único que afirma en presente es una incapacidad.

Esta es la canción de alguien que fue perdiendo cada cosa que creía saber. Hasta quedarse con la única que no eligió.

No sabe nada / me han sabido

“Esos aires de quien no sabe nada me han sabido hacer feliz.”

El mismo verbo, dos veces, en dos versos. Y cada vez significa otra cosa.

Saber como conocimiento: haber vivido, estar de vuelta. Eso es lo que ella no tiene — aires de quien no sabe nada. Saber como destreza: dar en el clavo. Eso es lo que ella sí hace — me han sabido hacer feliz.

La que no sabe nada supo hacer lo único que había que saber hacer.

En castellano las dos acepciones conviven sin llamar la atención. Decimos supo esperar. Decimos no supo tratarla. Nadie se detiene a separar una de la otra. Cantado, el juego pasa entero: la melodía se lleva los dos versos y el oyente no vuelve atrás. Pero ahí adentro está el argumento completo de la canción.

Porque el narrador ya había planteado el asunto en términos de conocimiento: “yo pensé que con tanta experiencia conocías todo”. Llegó midiendo quién sabía más. Y la canción le contesta dos veces, una de frente y otra por debajo. De frente: “contigo aprendí que al amor no le importa quién sabe más”. Por debajo: en el verso donde el que no sabe nada es justo el que supo.

La respuesta explícita la escuchás. La otra te llega igual.

Y resulta

“Todo amor que yo esperé de la vida lo he encontrado solo en ti. Y resulta que tú no estás aquí.”

Escuchá cómo está dicho.

Y resulta que no es lengua de balada. Es lengua de anécdota: lo que decís cuando algo salió al revés de como lo venías contando. Fui hasta allá y resulta que estaba cerrado. Un giro de sobremesa, casi cómico, puesto en la línea más dura de la canción.

Es la única vez que el narrador se ríe. Y se ríe de él.

Debajo trabaja una escalera de tiempos verbales. Esperé: pretérito simple, cerrado, ese esperar ya terminó. He encontrado: pretérito compuesto, la búsqueda dio resultado y el resultado llega hasta hoy. No estás: presente puro. Encontró lo que había esperado de la vida entera. Lo encontró de verdad. Y ahora mismo no lo tiene adelante.

No te apartes de mí suena a pedido. Alguien tratando de retener a alguien que todavía está ahí, con tiempo de sobra para convencerlo. Pero después de y resulta que tú no estás aquí, la frase cambia de tiempo. Ya no le está pidiendo que no se vaya. Le está pidiendo a alguien que no está que no se haya ido.

Por eso el estribillo no termina nunca en palabras. Termina en oh no. Y las últimas tres veces, eso es lo único que queda.

La que no es cantante

Vicentico no escribió una sola palabra de esta canción.

Es de Roberto Carlos y Erasmo Carlos, del disco que Roberto Carlos publicó en 1980. Ni siquiera la tradujo: la versión en español ya existía, cantada por el propio Roberto Carlos. Vicentico agarró palabras ajenas de treinta años antes y las puso en un disco suyo.

Eso no es un dato de archivo. Es lo que hace cualquiera que le dedica una canción a alguien. Nadie escribe la canción que dedica. Elige una que ya está escrita y le presta la voz. La única decisión propia es a quién.

La decisión de Vicentico fue Valeria Bertuccelli. Su mujer. Actriz, no cantante.

Yo la tarareo mal y pienso en Marce. Ni una palabra es mía. Ayuda que del otro lado tampoco esté actuando nadie.

La grabación empieza a discutir con la letra.

El narrador pide no te apartes de mí, y la que tendría que apartarse está cantando con él. El pedido y la respuesta ocurren al mismo tiempo, en el mismo lugar. Y resulta que tú no estás aquí lo canta un tipo que la tiene al lado del micrófono.

Falta lo más raro. “Esos aires de quien no sabe nada” lo canta, literalmente, la que no es del oficio. La voz que entra no sabe dónde apoyarse ni cuándo soltar. Es alguien que canta bien y no vive de esto. Esa diferencia se escucha.

Eso no se corrige en la mezcla. Se aprovecha. La canción sostiene que el que no sabe es el que supo. Después va y lo demuestra con quién la canta.

Falta lo que le pasa a y resulta que tú no estás aquí. Leída sola, esa línea suena a pérdida. Con la grabación al lado cambia de tamaño.

Porque la canción nunca dijo que ella se hubiera ido. Dijo que no está aquí. Ahora, en este momento. Que es lo que pasa cualquier día: salió, está en otra pieza, se durmió antes. La canción agarra una ausencia mínima y deja que abajo se abra la otra, la que no tiene arreglo. Por eso el pánico no guarda proporción con la causa. No la perdió. No la está viendo.

Y por eso se puede grabar así. El miedo a que alguien no esté solo se dice en voz alta cuando esa persona está. Con ella lejos sería un reproche. Con ella al lado del micrófono es lo que hacen dos que llevan mucho tiempo juntos: decir lo peor mientras todavía es mentira.

En la tapa de 5 aparece el nombre de ella, tatuado.

La letra dice que ella no está aquí. En la grabación se la escucha.

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